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Frases y citas con "Todo Pasa"

No somos asustadizos, la muerte no nos preocupa mucho. Ya por el solo hechos de que no apreciamos demasiado la vida. Mi amado padre, una media hora antes de morir, se expresó del siguiente modo:
-Estoy hastiado de esto, pero muy hastiado. –Y dejó a un lado el periódico que tenía entre sus manos. Y después incluso corrigió sus propias palabras-. Estoy hastiado de vosotros. –dijo con todo pragmatismo.
Y poco después falleció piadosamente.
Porque así somos nosotros. No nos gusta vivir, somos pesimistas, permítaseme escribirlo aquí, y con el mismo término, soy pesimista, si bien no en el sentido en que lo entienden los filósofos. Mucho más sencillo.
-¿Has visto alguna vez un lechón? –Me preguntó mi padre en una ocasión-. ¿Y bien? Es un animalito suave, y a este animalito se acercan seres extraños que lo toman en sus manos, que se lo quieren comer: entonces está claro que chilla. Y ésa también es tu tarea en la Tierra –me alentó muy amistosamente el anciano caballero.
Sí, esa es mi tarea y la tarea de mi alma. Pues de que el ser humano no lo tiene bien aquí en la Tierra jamás me ha cabido duda alguna. No es sólo mi opinión, es una opinión que llevo en la sangre. Que este mundo es una amarga broma, y ser hombre una infamia. Porque en el mundo se abusa del alma que se le ha dado al ser humano, se le engaña y se le llena de ilusiones con todo género de promesas. ¿Cómo expresarlo? El hombre acarrea con la importancia de la existencia, es más, con la pretensión de la eternidad, ¿y cuál es su destino? El miedo y la huida, el horror al peligro de la muerte desde el primer instante de la existencia, ¿hay alguien que pueda entenderlo? ¿Que este pequeño fuego que se ha recibido prestado amenace sin cesar con la extinción? ¿Y qué debo pensar del resto? Hago acopio de mis recuerdos como un acumulador, de los cuales sin embargo pierdo una parte, mientras que la otra se transforma, la distancia y el tiempo van modificando su forma y nadie sabe nada de todo eso. De manera que ésa es mi propia historia, sobre la cual nadie tiene noticia, y ni yo mismo me la creo al final. Y eso, además, tampoco es suficiente. Pues a fin de cuentas uno quiere un pelín más, luego más y más, mi deseo es insaciable… ¿Y no es igual que cuando uno bebe demasiada agua? Ya podría uno pegarse un tiro de tanta agua que ha bebido y aún tendría sed. En una palabra, al alma le resulta incomprensible este mundo, aquí quiero desembocar, en que el mundo no es la patria del alma, porque lo que hay en el mundo es diferente de lo que el alma esperaba y deseaba… Pero entonces, si el mundo es extraño para el ser humano, ¿para quién es apropiado?
0 ¡Me encanta! No es para tanto
Enviada por 23 hace 9 años
–¿Qué haces en París? –dijo Forestier.
Duroy se encogió de hombros.
–Morirme de hambre –repuso–. Cuando cumplí más años de servicio, quise venir
aquí a hacer fortuna o, si he de serte franco, por vivir en París. Desde hace seis meses
estoy empleado en las oficinas de los ferrocarriles del Norte, con mil quinientos francos
al año. Ni más ni menos.
–¡Caramba! No es gran cosa –murmuró Forestier.
–Desde luego. Pero ¿qué quieres que haga? Vivo solo, no conozco a nadie ni
tengo quien me recomiende. No es voluntad la que me falta, sino medios.
Su compinche lo miró de arriba abajo, como hombre experto que juzga a otro de
una ojeada. Luego exclamó en tono convencido:
–Mira, muchacho: en este mundo todo depende de saber dominar la situación. Un
hombre un poco astuto puede llegar a ministro antes que a jefe de negociado. Hay que
imponerse, no pedir. Pero, ¿cómo diablos no has conseguido cosa mejor que ese
destinillo en el Norte?
Duroy replicó:
–He buscado por todas partes algo mejor, pero nada he conseguido. Sin embargo,
ahora tengo algo a la vista: me ofrecen una plaza de profesor de equitación en el
picadero Pellerín. Alí tendré, por los menos, tres mil francos.
Forestier se paró en seco.
–No hagas eso. Aun en el caso en que te dieran diez mil francos, sería una
estupidez. Te cerrarías de golpe las puertas del porvenir. En tu oficina, siquiera, estás
agazapado; nadie te conoce; puedes salir de allí si te encuentras con fuerzas para ello y
hacer carrera. Pero una vez metido a maestro de equitación, todo habrá acabado para tí.
Sería como si te colocases de maestresala en una casa donde comiese todo París.
Cuando hayas enseñado a montar a caballo a los hombres de buena sociedad o a sus
hijos, ya no podrías considerarte como a un igual.
Calló, reflexionó unos instantes, y, al fin, preguntó:
–¿Tienes el título de bachiller?
–No; me suspendieron dos veces.
–Eso no importa, con tal que hayas cursado todos los años del Bachillerato. Si
delante de tí se hablase de Cicerón o de Tiberio, ¿sabrías, sobre poco más o menos, de
quién se trataba?
–Sí, sobre poco más o menos.
–Bien. Nadie sabe más, salvo una veintena de imbéciles que no sirven para otra
cosa- ¡Bah! No es difícil pasar por fuerte en la materia. La cuestión está en no dejarse
pillar en flagrante delito de ignorancia. Se las va uno arreglando, se esquiva la
dificultad, se sortea el obstáculo y se sale del paso con un diccionario. La mayoría de los
hombres son más brutos que un cerrojo y más ignorantes que las carpas.
0 ¡Me encanta! No es para tanto
Enviada por 23 hace 9 años

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